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MARBELLLA

Marbella fue primero minera, después agrícola y al final turística. Es una ciudad antigua y noble. Pero pocos saben que los primeros asentamientos datan del Paleolítico; que la profunda huella romana legó las termas de Las Bóvedas (única con estructura aérea) o la villa de Río Verde (cuyos mosaicos culinarios son excepcionales); que cuenta con uno de los monumentos visigodos más acreditados del país, la basílica paleocristiana de Vega del Mar; que los musulmanes ya la denominaron la "bien habitada" y levantaron una fortaleza que ha aguantado el paso del tiempo; y que se convirtió en ciudad realenga, tachonada de miradores, con aristocráticos edificios, como el Hospital Bazán, y conventos que mediaban en el rescate de los cautivos de la Berbería (entre ellos Cervantes).

Es la Basílica de Vega de Mar la que prueba los asentamientos que se produjeron en esta zona y en los que los historiadores sitúan la antigua Cilciniana. En el entorno se han encontrado a lo largo de distintas excavaciones, sepulturas y objetos de cerámica y metal.

Cuando la Marbella musulmana es tomada por los Reyes Católicos, la entrega de llaves se hizo ante una cruz que actualmente se guarda en un pequeño templete que está en Málaga: es la Cruz del Humilladero. A partir de ese momento el pueblo abandonó el recinto amurallado del castillo para extenderse por toda la zona.

Ya en el siglo diecinueve Marbella se convirtió en la capital nacional de la siderurgia con los primeros altos hornos de España: tres en la finca de La Concepción y tres en El Ángel, de las familias Heredia y Ejiró. Aquí se llegó a fabricar el 75 por ciento del hierro que se fundía en España procedente de la finca de El Peñoncillo, que se explotó hasta 1931. Finalmente la industria siderúrgica se hundió por la competencia del norte (Vizcaya), que ya utilizaba carbón de coke, más rentable que el costoso carbón vegetal que se usaba en las malagueñas.

Marbella vivió antes y tras la guerra civil el hundimiento de su economía, que recuperó su pulso gracias a un fenómeno sólo olfateado por visionarios: el turismo. La transformación espectacular parte de 1940, aunque el gran despegue se inicia en 1943 con la llegada de Ricardo Soriano, el marqués de Ivanrey, que funda la Venta y Albergues del Rodeo. Se trataba de un complejo residencial, con urbanización aledaña, que marcaría el estilo y rumbo turístico de la ciudad. Ivanrey copió de Estados Unidos el bungalow, aunque bastante más rústico, semejante a las chozas campesinas. Imanta a artistas de la época, como Edgar Neville, Conchita Montes o Antonio "El Bailarín", que apuestan por una Marbella idílica, con playas de dunas y con La Concha como perfil eterno, garante de su bondad climática.

La ciudad se transformó para albergar a los visitantes, las viviendas se remodelaron y cambió el valor del suelo. En la mayoría de los casos los propietarios vendían a otros promotores que hacían magníficos negocios. Quizá, como anécdota, señalar que los terrenos que se vendieron en la zona de Nagüeles por 13 millones de pesetas (algo más de 78.000 Euros) hoy son la zona conocida "Milla de Oro". Se crean nuevos hoteles, como El Fuerte, el San Nicolás, Guadalmina o Salduba, y los emblemáticos Los Monteros y Don Pepe.

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Mientras que todas estas operaciones se realizaban, llegaron a Marbella los primeros constructores de la "meca del turismo": Don Alfonso de Holenlohe y Don José Banús. Este último acomete una promoción titánica con la mayor urbanización hasta entonces conocida en el país. Un macroproyecto bautizado como Puerto Banús y que incluía varios hoteles (Hotel del Golf y Andalucía Plaza), campos de golf, plaza de toros, discotecas y un puerto deportivo que, desde su inauguración (a la que acudieron Grace Kelly y Rainiero de Mónaco), se convirtió en el más grande de Europa.

Años después, en los 80, llegaron, como grandes inversores, los árabes. En esa época el rey Fahd construyó un palacio en la localidad sobre una gigantesca finca vallada y también se edificó la Mezquita de Marbella, ambos magníficos edificios. Y llegaron los bancos árabes. Era una época que ayudó a difundir la imagen de meca de multimillonarios, de hombres y mujeres de negocios y de artistas de renombre mundial. A esa dinámica contribuyó Don Alfonso de Holenlohe quien comenzó a atraer a personajes hasta su hotel, el Marbella Club, gente como los Onassis, Maria Callas, los Duques de Windsor o Ava Gardner. Y Puerto Banús que ha albergado yates tan famosos como el del magnate Kassoghi con las letras Nabila en oro, o el del Conde de Barcelona, el Giralda. Un puerto cuya torre de operaciones destaca entre el caserío blanco que rodea a los yates y que cuenta con más de 900 puntos de atraque.

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